
Siguiendo con las metáforas futboleras, me acordé lo que duele un pelotazo en la cara. Poco entrenada como estaba yo por culpa de mis hermanos varones y sus amigos-sí, esos seres con más pelos en las piernas que yo, que se creían que eran los únicos con capacidades diferentes y que podían hacer goles-
Bueno, decía, con el poco entrenamiento que me implicaba largas horas en el banco suplente, donde sólo podía pergeñar ensueños revanchistas y venganzas a futuro, alguna vez pasaba que alguien faltaba y entraba a la cancha.
Yo quería jugar todo lo que había visto. Así que no me iba a andar mariconeando justo cuando tenía que lucirme. Pura vanidad.
Una vez llegué a mi casa con la cara roja, marcadas las costuras del fútbol N° 5 en la mejilla. Iba a ser un cabezazo genial, gol asegurado.
Pero fué un pelotazo en la cara. Recién sola frente al espejo, largué el llanto. Cosas que pasan
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