viernes, 2 de diciembre de 2016

game over

Un entretenimiento de campo
bajo el cielo negro
era contar los segundos 
entre el refucilo y el trueno

Contar hasta 20 era el poder de hacer tronar
convocar al estallido
temer que llegue y esperar que llegue
entre chillidos de excitación

A veces la cuenta pasaba de 20
y el trueno no llegaba:
es que la tormenta está lejos -nos explicaban-
se está yendo.

Entonces había que despedirse del juego
volver a habitar en el aire 
el vacìo que dejan 
las ùltimas moléculas de ozono

El campo fue ese lugar donde aprender el desamparo 
si hasta las tormentas
te abandonan el juego

sábado, 26 de noviembre de 2016

When God came down to earth, he could not deal with the gypsies



Una gitana, gitana. De las que se roban bebes, joyas de la abuela. De las que leen las líneas de la mano. Las que escupen y lanzan maldiciones que te persiguen por 3 generaciones. Esas.
Y yo ahí, indefensa, en la playa, tirada en la arena, semidormida, con toda la mochila desparramada. Solo quería venderme un llavero, según ella. Un llavero con un ojo de la suerte. O a lo sumo pedirme un cigarrillo. O una moneda. O algo.
Yo dije no, y cerré fuerte los ojos. El único gesto que podía ponerme a salvo: dormir.
En mi familia, se dormía la siesta bajo amenaza.
Un día las gitanas te encontrarán, decía mi abuela. Te sacarán un ojo, y te venderán a un circo.

Duerme niña.
Duerme.

lunes, 14 de noviembre de 2016

quieto o disparo

Me gusta la gente alusiva.
Las alusiones me han salvado la vida, siempre
Una vez no sabía si darme por aludida
hasta que aplasté el gusano de la duda:
actuemos como si todo nos estuviera dirigido
-me dije-
Y enseguida me pasaron por encima
1 delivery
2 camiones
1 tormenta eléctrica
la cuadrilla de epec
1 maratón del día de la madre.

Entonces mejor no
 –me dije-
no todo es personal.
Desensillemos.

O desenfundemos.

sábado, 22 de octubre de 2016

visita




                                   "¿Por qué viene siempre todo desde tan lejos?" R. Piglia

Aparece la Zura en mi sueño, como se nos aparecen los muertos, llenos de capas de tiempo, llenos de otras personas. Yo quiero retener el ángulo donde se forma su imagen, decir que es ella, pero eso no puedo.
Me regala un libro que escribió esto me alerta y me alegra: si escribió y publicó un libro, ¡eso significa que no estaba muerta!, o, que la muerte es un lugar que no acaba con la escritura. Veo la tapa del libro, el titulo tiene algo de la palabra sumergido-hundido-profundidad- y la imagen de una chica bajo el mar pero también la imagen de nosotras tres. Todo esto pasa en una casa que también muta, llena de amigos que van y vienen y no parecen sorprendidos por su estadía, ni por nada. Tengo que armar mis valijas porque estoy de paso, mi viaje sigue, me demoro, no encuentro el boleto de bus, pregunto en ventanilla que otros horarios tengo, me dicen la hora y de allí en más cada vez que miro o pregunto la hora, eso no me es dado saber, hasta que cuando finalmente sè, eso ya pasò. Me alivia haber perdido el bus y que esa pérdida resuelva mi estancia con lo que quiero estar: le digo que me quedo un día más, que todo el resto puede esperar, ella sigue hablando de sus proyectos y ya se sabe
no la hora
sino que en el tiempo que tengamos 
vamos a hacer siempre lo mismo
tomar mates y amasar
y abrazar 
con la charla
toda esa indeterminaciòn
que supone la vida.