domingo, 23 de septiembre de 2018

springtime




Es primavera y seguimos el aquelarre en el bar La Alameda. Hablamos entre nosotras y nos reímos. 

El caballero de la mesa contigua que por lo visto seguía nuestra conversación con interés, se despacha con un:

-A mi no me gustan las feministas.
-Y a mi que carajo me impooooortaaa
dice una levantando los brazos como si estuviera gritando un gol.

Acto seguido, larga la carcajada más cinematográfica de la historia. 
Shoshana is back

viernes, 6 de julio de 2018

el ABC de la lentitud


Hoy la tierra se moverá más lento, dice la BBC del mundo. La lejanía afecta la velocidad. Toda desafectación encuentra su traducción, también en las altas esferas. En las bóvedas celestes. En el desdén de los astros. 
Como si hiciera falta recurrir a tratados internacionales sobre la libertad de las personas para decir que no. Sin decir que no.

Te saludo como las estrellas fugaces, una millonésima de segundo antes de impactar. De enfriarse el sol. De haber hablado, cuando la tierra todavía estaba caliente.

Te saludo antes de pasar a ser un cascotazo más, una ondulación, un escarceo a toda dureza.

domingo, 17 de junio de 2018

ensayo general


De mi padre recuerdo el silencio. Alguien dijo que sí me quería, que cuando yo no estaba. Hasta entonces, no tenía una pregunta por el amor. Después, escuché todas las cosas que dicen las personas sobre los padres, la forma lastimosa de cubrirlos, elevarlos, sacudirlos, llevarlos en andas, hacerlos marchar. 
Fue entonces que tuve un-padre-en-falta. Y todo ese esfuerzo. Pasè a tener, como todo el mundo, una sentimentalidad, una pregunta. Antes no. Antes, él era un hombre que vivía en mi casa, atendido por mi madre, uno más. La última vez que se puso ruin conmigo, ahí sí lo atendí. Inmisericorde, con toda la ferocidad de la que fui capaz, lo destapé. No me defendí. Lo destapé. 

Anoche tuve un sueño. Manejaba un auto por un camino de sierras. Pero no había un camino. Me daba vergüenza equivocarme el camino. No sé cómo se equivoca lo que no hay. De quién era esa vergüenza. Detengo el auto al borde de unas piedras. En ese momento, siento la pendiente, intuyo el precipicio. Detengo el auto, hago bajar a la gente, advierto a los que vienen detrás: no se puede seguir más por acá. El único hombre de la caravana dice: hay que llamar a la policía. Y me pasa un teléfono muerto. Después, en la comisaría con mis amigas, se preparan a tomarnos la denuncia. Sacan formularios y empiezan las preguntas. Yo me enfurezco, ninguna de las formas habla de lo que pasa. Le estoy diciendo que casi nos caemos, grito. Y recién ahí, mis amigas y yo, empezamos a llorar. Lloramos porque sabemos dónde está el peligro, lloramos la vida en rosa, la vida en riesgo. Lloramos la alegría de lo que cae. Lloramos haber elevado guías, dioses, padres, caminos. Lloramos de puro nuevas, de puro alumbradas. De puro vivas.