domingo, 20 de mayo de 2018

botánica y fuerzas aliadas




Me gusta pasar tiempo con las plantas. Prefiero las carnosas, aunque tengan espinas. También hay carnosas que tienen pelo, como una felpa. A esas las puedo tocar, y es como tocar terciopelo. Paso tiempo mirándolas. A veces como una proyección de la propia vanidad: “mis plantas, mis flores, mi patio”. Tampoco me parece preferible a otras vanidades: “mis hijos, mi pareja, mis libros, mis perros”. Si escuchás hablar a alguien un rato te das cuenta por el crecimiento de sus reiteraciones, por dónde pasa el cultivo de su vanidad.

En invierno prefiero la zona de sol. Entonces paso más tiempo con esas. El lado húmedo y sombrío del patio también tiene sus crecimientos exagerados, sus competencias. También tiene mosquitos, que me atacan a mí, así que lo evito. Cada vitalidad tiene sus plagas. Trato de no intervenir demasiado, por falta de tiempo, por desidia, pero también porque siento: que se las arreglen solas. Hoy hubo una situación, que sólo pude conocer por proximidad. Es domingo y me desperté temprano. Eso no siempre pasa. Y hubo sol, eso tampoco pasa siempre en domingo. Fui a desayunar y a leer a la parte del primer sol. Pude observar de cerca la picadura de una carnosa bastante preferida. Entre la lectura, mis anotaciones, la mirada que se pierde un rato entre las plantas, vi una oruga peluda que también estaba desayunando. Pude observar su voracidad. La dejé comer. Después la maté. No me sentí bien. Nada comparable a cuando arrojo sal a las babosas. No puedo explicar eso. Cada vitalidad tiene sus plagas. Sus guerras. Sus fuerzas aliadas. Hoy usé mi fuerza, mi supremacía física para matar lo que ataca a mis aliadas. No me sentí bien. Pero un poco me excusé. Uno a uno. Cuerpo a cuerpo. A lo mejor es una visión romántica de la guerra. La guerra a cierta vanidad, se combate con proximidad a otras vitalidades. No es posible jactarse de esa oscura comprensión de que lo hace vivir. Sólo es posible usarla o no usarla.
En mi patio ya creció el sol del mediodía. Veo menos. El sol me saca de combate. Busco un sombrero y ropa más liviana. Busco orientarme entre las fuerzas. Busco leer.

domingo, 6 de mayo de 2018

formas de asolar






Pero cómo!?
si es un artista..!





No digo que sea una pregunta que no me deja dormir, pero reconozco que me interroga, como a tantos, la constatación de que la vida ramplona del ser de derechas, tan afecto a los reduccionismos y a las simplificaciones, tenga derivas sensibles, por ejemplo en el arte. Ensayé algunas conjeturas, pasando por la vida disociada, pero no me convence. No creo que se trate de un “mecanismo psíquico”. Me inclino más por un tipo de sanguijueleada, una forma de vida que asume que aquello de lo que se nutre, no merece vivir.  

jueves, 5 de abril de 2018

de corazòn

Para todos los asolan la tierra, derramando sus opiniones, espontaneidades y expresividades bajo el lema: “te lo digo de corazón” “es lo que siento” “es una cuestión de piel” “con lágrimas en los ojos” Resulta que ni tu piel, ni tus secreciones, ni tus órganos más preciados están exentos de estar organizados bajo una sensibilidad ortiva, gorruda, garca. 
Mejorà ese sentir, urgente.

miércoles, 28 de febrero de 2018

radicalidad

No hay que pedir ni esperar nada:
mucho menos solidaridad.

Pedir solidaridad es lo más triste del mundo.

Prefiero la guerra

la más sucia que podamos dar.

Una en la que quedemos todos sucios.

Todos, con el barro hasta el cuello. 


Del cuadro oscuro, emergen unos dientes blancos:

no se sabe si es una sonrisa
o una mueca feroz.


No hay manera de averiguarlo
que no sea
creando el mundo.