
No suele estar bien visto el arte de la fuga, más bien es condenado moralmente. Conocí hombres y mujeres en fuga y yo misma fui por veces y por tramos una fugitiva. Pero entonces un día sentí que no había a dónde huir, y fue tan tranquilizadora esa experiencia con lo inefable, que me hice un poco terrorista, es decir, salí a buscar aquello de lo que huía, o dejaba que llegara y perdí el miedo y otras cosas que había que perder.
No hay premio ni recompensa al final de pasillo por eso.
Sólo que así el mientras tanto cobra un espesor de nubes y lo que es rico tiene gusto rico y no hay caso, y lo que es feo es feo y punto. Me acerco a lo rico y me alejo de lo feo y nadie puede decir nada al respecto. Menos que menos, llamarlo fuga. Eso es conducta
4 comentarios:
Perorata, te recomiendo la lectura de un libro precioso, "Vagabundas", de Fernanda García Lao, una historia de mujeres fugitivas. Un abrazo.
El chiste no es fugarse sino saber esconderse.
gracias andre!
Jedi: acá los espero en mi cueva, con mis perros y mis cuchillos..je
Yo también creo que el asunto es que no hay donde huir.
Los escondrijos son tentadores, cómodos y funcionales. Pero vivir a la sombra, como en penitencia...mejor no.
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