
Sin la sutileza ni la estética del bolero de Ravel la noche avanza igual, al ritmo de la cumbia. Unos sentados en grupo, otros acodados en la barra, todos frente al desencanto de una noche que prometía. La noche siempre promete.
Un acercamiento en el plano hubiera mostrado los cuerpos que se tensan a fuerza de expectativa y alcohol, el rictus de deseo que se vuelve amargo en los que saben que una vez más no. Y lo saben con la certeza y precisión del puñal que desgarra la carne.
Porque lo saben beben y esperan hasta el final. Las vías del deseo no pocas veces terminan en un botellazo o un navajazo.
Un acercamiento en el plano hubiera mostrado los cuerpos que se tensan a fuerza de expectativa y alcohol, el rictus de deseo que se vuelve amargo en los que saben que una vez más no. Y lo saben con la certeza y precisión del puñal que desgarra la carne.
Porque lo saben beben y esperan hasta el final. Las vías del deseo no pocas veces terminan en un botellazo o un navajazo.
Quién dijo que todo está perdido.
4 comentarios:
Francamente a que lugares acude usted. Yo bebo solito en casa y así no corro peligro. Salud.
reflejos, jedi, reflejos. Ese es todo el arte que hace falta para moverse por distintos lugares....:)
hay que ver que peluquería le hará esos reflejos.
Enclave estratégico en barrio Las Margaritas. Es todo lo que puedo revelar por el momento.
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