martes, 8 de febrero de 2011

Patriarcado


Srta. Kahlo:

sirva la presente como enfática disculpa. Su celo prematuro y mi imposibilidad de hacerme cargo de sus crías me hizo tomar esta lamentable decisión de castrarla. Su amistad y fiel compañía se merecían de mi parte algo más que este ruin acto.

Sólo puedo alegar a mi favor que emprender la castración de todos los machos de la zona me hubiera traido innumerables roces con los vecinos.


Pensé que el asunto ameritaba una cierta formalidad, así que leí este parlamento en voz alta frente a mi perra. Había terminado el sencillo acto y ella siguió mirándome a través de su collar isabelino. Me dí vuelta y me pareció escuchar:

...y desde cuando te preocupan tanto los vecinos.

2 comentarios:

Mike dijo...

Monstruo Cibernético:

Personalmente creo que su punto de vista no es apresurado. El canino que habita en casa parece requerir también las mismas técnicas. En este caso, quizás por falta de oído, no he podido receptar su mensaje pero, sin embargo, me parece que entiende del asunto. Como perro viejo que es debería –pensé- darse cuenta que no es lo mismo no haberle visto la cara a Dios nunca en su perruna vida y, si la operación se lleva a cabo, saber que ni siquiera tendrá la oportunidad. Al menos con ellas colgando sienta que aún tiene alguna chanse. No sé… me imagino su angustia y me da escozor.

Parafraseando al viejito simpático y que siempre me recuerda a Gramsci (creo que por los anteojos) se podría decir: bueno, después de todo no son más que dos bolas.

Mike.

perorata dijo...

Lo único que esto prueba es que somos Amos angustiados, Mike.