lunes, 15 de junio de 2009


....A mi esto me duele más que a vos, te lo aseguro.
Sin descartar que, -como dice el amable de David Carradine en su memorable papel de Bill- esto tenga algún asidero (recordemos que él se declara en su momento más masoquista cuando está a punto de volarle la tapa de los sesos a su noviecita), también podríamos tomar un punto de vista otro, para dar cuenta de esa difícil frontera que marcaría …a quién le duele más. Y considerando que esto es algo dicho, podríamos interrogarlo, como a toda producción lenguajera, por sus efectos.
Y a la hora de comparar el dolor provocado en la hombría de Bill por la huida de su novia, y los sesos desparramados por el piso de Uma Thurman, yo debo decir, que cada vez que alguien formula eso, así, algo en esa sola formulación ya anticipa, a quién le va a doler más

demasiado


¿….aparte, no te parece que ya tengo demasiado con todo lo que hago como para encima estar ocupándome de….? María cuenta el modo en que su compañero de oficina zanjaba y desvinculaba su posible participación en un rumor que estaba circulando sobre ella, un pequeño acto de crueldad que la tenía como destinataria. Hacía días que María se preguntaba:.. quién?... pero quién puede ser?... Del rosario de argumentos y explicaciones que recibió del susodicho, recién esta enunciación despertó creencia en ella: …y sí, -se repetía-, la verdad, él ya tiene demasiado como para encima estar ocupándose de mí….
El asunto tampoco daba para más, es cierto. Coincidí con María que había que dejarlo correr, que eso en nada la afectaba.
Sin embargo, algo no cerraba en el argumento utilizado por el oficinista, -justo el único de todos los argumentos que había tranquilizado a María y la había hecho desistir de su sospecha-. Esto así quedó flotando, desestimado por mí el resto del día. Recién cuando esa noche se apareó en un sueño, devenido pesadilla, me llegó algo en forma de respuesta: nunca se sabe cuándo es demasiado. Me entregué a este pensamiento, que si se había tomado el trabajo de horadar la barrera entre lo diurno y lo nocturno, era porque reclamaba ser pensado. Recorrí mentalmente infinidad de situaciones históricas, propias y ajenas, intentando ponerlo a prueba. Y debo decir que tamaña posibilidad de generalización me llevó a concluir que efectivamente, “suficiente” “demasiado” podrían encabezar el ranking de las nociones inestables en el campo de lo humano.