sábado, 11 de febrero de 2017

lo que nos hace llorar



Una tarde en la pileta
me contaste que habías visto una casa.
Y que saliste de ahí 
y plum
o plin
los ojos
las lágrimas.


Que ya estás viendo la mudanza,
como siempre,
nada delicado,
todo a lo bruto
a lo que la vida empuja.

Lo frágil siempre patas para arriba
lo primero en derramarse.
¿Y ahora?
Ahora la  adherencia.
Esa piel que cubre las paredes
como  la cola de un vestido de novia
de un cometa
va quedando enganchada
en  arbustos
espinillos,
engredada,
y se obceca.

No está lista.
Nunca está.
¿Lobo está?
Y ya el lobo aparece
dejó de lavarse de dientes
de afilarse las uñas
de ponerse el piyama.

¿Lobo estás ahí?
Vino,
como viene todo lo que llega
de muy muy lejos.

Vino porque lo llamaste
aunque el juego era que no llegara nunca.
Y entonces entre que te vas y no te vas,
ya imaginaste el cuadrito colgado
y  sonaste.

Ahora todo es cuenta regresiva
Zapatean los manteles en la cajas
trifulcas terribles entre las sábanas
los  portarretratos
los adornos.

Todos quieren su lugar.
Y vos sabes
que no todo.
No todo.

Eso es lo que nos hace llorar:
la tanta vida
las adherencias
la flecha que indica fragilidad
las cosas que nunca van a salir de las cajas.



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