
De la tía no tengo muchos recuerdos, apenas una secuencia de imágenes como fotos viejas.
Sí me gustó ver a mis primos, durante un rato fui la única mujer en una reunión de hombres y tuvieron la deferencia de hablar como si yo fuera una de ellos. Sus aventuras de machos alcanzan para amenizar y destenillarse de la risa durante 20 minutos. Después ya son patéticas, cosa que también es muy divertida.
Sin embargo hubo una única razón -inconfesable- por la cual ir a ese velorio estuvo muy bien: creo que necesitaba estar en un lugar así sintiendo que el muerto era de otros.
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