viernes, 19 de diciembre de 2008

sin apuntador


Después del cuarto llamado en la semana, una vez anunciándome que no habría combustible, otro que cortarían la luz, algo más sobre rentas y los vencimientos, llegué a la conclusión que funciono casi como una persona normal porque tengo buenos apuntadores. Es cierto que se me va la letra. Que tengo blancos que duran a veces semanas. Hasta que finalmente alguien me ve navegando a la deriva, y agarra el guión y me dicta lo que sigue. Lo difícil de determinar es qué pasó en la última década. O el apuntador se quedó siempre en la misma página, o se murió y yo no me di cuenta….el hecho es que de algún modo me ví arrojada a la improvisación. Mientras todos afirman que el show debe continuar, yo ensayo notas sobre un instrumento desconocido para mí.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

conquista social

Parecían estar en el último escalón de lo que se anunciaba como un acuerdo. Habían llegado hasta allí después de largas tratativas. No importaban las tazas, el lavarropas o el televisor. El parecía dispuesto a ceder todo eso, y más, con la sola condición que ella acertara explicarse. Tenía que responderle, rápido y sin titubear, para qué quería lo que quería. Parecía simple. La llave que abría el candado. Entusiasmada iba a empezar a contarle sus planes cuando vió una vez más esa sonrisa sarcástica mientras ella hablaba. Entendió todo de repente, incluso entendió algo que parecía imposible de entender para cualquier mortal que los conociera. Porqué se estaba separando.
Pensó en tantas mujeres, en las conquistas sociales más importantes de las últimas décadas, y finalmente le pareció que había un derecho que no estaba enunciado, y que quizá era el único que resultaba efectivamente subversivo, que abría a una soberanía que dibujaría sin dudas un nuevo mapa en el orden mundial: el derecho a dejar de dar explicaciones.

miércoles, 29 de octubre de 2008

los nombres del bien



"....es por tu propia productividad.........es por tu propia productividad..."

No es un yuppie mirándose al espejo a las 8 de la mañana. Tampoco el octavo mandamiento de un seminario de managment. La escena transcurre en la caja de un gran hipermercado. La letanía la recita un humilde cajero devenido supervisor a su circunstancial aprendiz de cajera. Mientras embolsa, verifica códigos, aprende reglas de cortesía frente al cliente que siempretienelarazón, él le habla de cómo optimizar sus tiempos, de los contra-tiempos más frecuentes y cómo resolverlos, y todo se lo dice en un tono monocorde, -nada allí puede ser estridente- tan monocorde que hasta a mí me hipnotiza y me captura por un momento y ya no tengo prisa por salir de esa cueva iluminada con luz artificial las 24 hs., como una gran sala de engorde, que garantiza que nada detenga el circuito del consumo, que nada distraiga, que nada interrumpa el proceso de deshumanización a gran escala.
Sigo escuchando. Cada dos o tres consejos, intercala "...te lo digo por tu propia productividad". Ella completa su circuito con la entrega del ticket y me despide con un graciasporsucompra. Yo salgo todavía captada por la escena. Pienso en eso mientras subo las bolsas al auto. En las formas asombrosas que va adoptando el bien.

lunes, 27 de octubre de 2008

contingencias


Todo anunciaba una inminente tormenta. El campo de locura se extendía sobre mí. Pero no terminaba de rodearme, como si algo de esa locura decidiera hacerme un testigo de lo que seguiría. De a poco, su entorno se iba cargando de suspicacia y recelo, sus relaciones y dominios laborales eran guisos en ebullición donde se cocinaba todos los días lo mismo: porque no te quieren. Esa, inexorablemente era la respuesta que le llegaba desde los cuatro costados.

****
Finalmente el acoso comenzó. Tenue. Halagos indirectos, intento de quedarse más de la hora. Yo tomaba nota y trataba de anticipar el momento. Qué decir cuando me lo pregunte. Que palabras elegir. De repente, ya era parte de su telaraña. Actuaba y pensaba su pensamiento. Cada día me parecía que ese era el día. Después de amargos reclamos y lágrimas en los ojos él se daba cuenta que yo nunca lo amaría. Pero que no sería tan cruel, conociendo su historia, de no responderle esa pregunta. Por qué.
-Porque no me pasó!!!. No me pasó enamorarme de vos. ¿a vos nunca te pasó? Que algo que podría pasar, no pasa. Y entonces qué. No me pasó. Así como me podría haber pasado, no me pasó.
Quedé exhausta como después de un gran parlamento. Me recliné hacia atrás esperando la bofetada. Pero no llegó. Curiosamente mi respuesta lo aplacó mucho, su rostro se puso distendido, pacífico, y me despidió agradecido, con un abrazo fraternal. Después de eso no lo volví a ver