miércoles, 22 de octubre de 2008

a las barricadas


Ese día llegó descontrolada, furibunda. Casi no alcancé a cerrar la puerta, ni a saludarla, que me espetó: decime, a vos te parece que yo soy impenetrable?
Su pregunta no admitía rodeos, escansiones, semblanteadas de ningún tipo. Y mucho menos silencio. Era una pregunta urgente.
Depende por dónde te quieran penetrar….me escuché contestándole, y casi enrojeciendo al mismo tiempo que ella por una ocurrencia así, tan…tan…cómo voy a decir eso!.
Ni bien me repuse del enrojecimiento, empecé a revisar mentalmente cómo podía seguir el tema. Lamenté mi poco interés por estar al tanto de las últimas perversiones descubiertas. Me tranquilicé de la mano de un razonamiento simple: ¿qué tantos orificios de entrada hay? Iba repasando mentalmente: boca, ano, vagina….Nada podía asombrarme demasiado. Mientras, por una curiosa metamorfosis, ella pasaba del enrojecimiento a la lágrimas, y de las lágrimas a relatos entrecortados y superpuestos de situaciones, cómo decirlo, bastante triviales, nada extraordinario. Sin embargo, cierta densidad quedaba flotando entre uno y otro relato. Escuché un largo rato, hasta que la inquietud se empezó a apoderar de mí. Desde su madre, pasando por el kiosquero, hasta su jefe, todos tenían al parecer “observaciones” sobre ella, que recaían sobre sus gestos, sus movimientos, hasta la forma de cortar las palabras parecían ser de interés. La sensación que transmitía era contundente: esa mirada la seguía todo el tiempo. No la dejaba.
Ya consustanciada con el problema, le dije que sólo quedaba una cosa sensata por hacer: construir barricadas. Trabajamos en silencio hasta entrada la noche. En un momento de respiro, y como disculpándose por su cansancio, me pregunta…. es tan grave?
Sí, boluda… no ves que te quieren entrar por la subjetividad

sábado, 18 de octubre de 2008

cumbres borrascosas


La vi preocupada. Por primera vez en mucho tiempo, dice, nota una cierta flojedad, complacencia, que la aleja del escándalo. Antes por lo menos una vez por semana sentía ese impulso irrefrenable a tirarle por la cabeza lo que tuviera a mano. Las innumerables ocasiones en que las actitudes de él –por acción u omisión- la dejaban de cara a la ofensa, y los complejos razonamientos con los que intentaba calmarse luego -porque él me interesa, y yo le intereso, me aclara todo el tiempo- …. Esos días borrascosos parecen estar llegando a su fin. Es una cuestión del cuerpo, me dice, ya no reacciona igual. Esa especie de veneno letal que produce cuando se lo cruza, esa desesperación que la deja sin aliento y absolutamente proclive a cualquier intervención amorosa…la que a él se le ocurra -me aclara- . Desde cogerla hasta colgarle el teléfono. Hasta no hablarle por una semana.
Me entendés, no? Insiste No sé qué pasa, nos estamos entendiendo, ya no le hago escenas, nos ponemos de acuerdo en casi todo…
Yo la escuché con mucha atención. Tomé nota de su preocupación y pensé: ... será que finalmente están teniendo una relación. No volvía a pensar en el tema, hasta horas después, mientras cocinaba- Sin duda la había escuchado, pero no había entendido la gravedad de su formulación. Algo entre picar cebolla y sacar la ropa del lavarropa provocó en mí un destello de lucidez.
Tiene razón en preocuparse, pensé. Eso no es el amor. Eso es otra cosa. Algún invento raro de la modernidad, seguro.

domingo, 28 de septiembre de 2008

derechos de autor


Hoy pensaba que a lo mejor tengo que pedir derechos de autor sobre mi propia vida. El último tiempo me sorprendió la cantidad de veces que alguien se arrogaba la autoría de algunos de los acontecimientos de mi historia "porque si no hubiera sido por mí..."...."y decí que estabas conmigo, si no..." Todos ellos de una forma u otra se declaran "en mí más que yo" Será que la gente prefiere vivir en cualquier lado, con tal de no vivir en su propia vida ?

domingo, 14 de septiembre de 2008

el mundo en que vive


Puede que uno tenga una percepción global del mundo en que vive. Pero la mayor parte del tiempo, no vive allí. Hay imágenes que tienen el valor de precipitar ese mundo hasta que lo sentimos en los huesos. El comentario de un amigo logró ese efecto: te das cuenta –me dice- que EEUU está ganando los juegos paralimpicos con los tullidos de la guerra del golfo? Yo detuve la bocanada de aire que estaba tragando. El ahogo estaba ya en la boca del estómago. Sólo atiné a pensar: …qué máquina infernal.