domingo, 14 de marzo de 2010

más profundo aún




Esto te va a llegar muy, muy profundo… Eran palabras prometedoras, sin duda.
Hasta la dermis… En un lenguaje incomprensible para mí, pero con una cadencia arrulladora, seguía usando términos, a mí me sonaban a antiguas capas, a eras de la evolución de la tierra… mesozoico, mesodermo, todas palabras con algún augurio…
Ahora vas a sentir un poco de ardor….ahora como un cosquilleo….
La purificación de la carne sin duda siempre ha sido un tema. Delirios colectivos montados sobre una raza pura, una sangre pura… y siempre, tratamientos para la impureza. Soluciones finales, definitivas.
Aplacada, controlada, esa experiencia relampaguea en el fondo de estos petit campos de concentración estética “belleza integral” donde –ácido y electricidad mediante- hacemos nuestra pequeña aventura de purificación. En esos días que siguieron, sin darme cuenta, empecé a prestar atención a los carteles y avisos publicitando productos y tratamientos de belleza. El verdadero desafío, alguien decía, es hacer visible lo visible. Tan a la vista que es difícil verla, la frase está por todas partes… “solución definitiva” “solución final”…
La purificación esta vez no llegó hasta el hueso. Mi cosmetóloga parece una persona controlada, rigurosa, delicada, movida por una racionalidad compacta. Todo el tiempo trataba de tranquilizarme, mostrarme que sabía lo que hacía. Y eso, es lo que más me atemoriza.

sábado, 30 de enero de 2010

il morto qui parla


Atiendo el telefono fijo. Era la voz de una mujer, diciendo hola. Yo carraspeo -era mi primera palabra articulada de la mañana- finalmente me sale la voz, y pregunto ¿Quién habla? - Tu madre- responden del otro lado. Lo primero que pienso, es que esa no era la voz de mi madre, sin lugar a dudas. Podría haber dicho: disculpemé, pero ud. no es mi madre. Ni bien pensado esto, otra evidencia se me impone: ...además... ¡mi madre está muerta!. Me imaginé diciendole, mire, sra, ud no puede ser mi madre, simplemente porque ya no tengo una madre, está muerta, y aunque siguiera teniendo una madre-muerta, generalmente no le hablan a uno por teléfono. En general -lo bien que hacen- no eligen Telefónica para comunicarse. Eligen otros... -mediums?- En medio de eso estaba cuando recordé que no hace mucho tiempo, una mañana, me despertó su voz, llamándome. Esa sí era su voz, y ella estaba muerta, y sin embargo, me llamaba. Mi argumentación se caía a pedazos y del otro lado crecía un silencio perplejo, angustiante, hasta que vuelve a hablar, interroga, dice un nombre, y no hay dudas, esa es la voz de una madre que le habla a su hija y que no entiende cómo una hija no reconoce la voz de su madre. Balbuceo ....busco desesperadamente algo que decir, algo cierto, sostenible, incuestionable. Por fin acierto en ... ¡número equivocado!. Pocas veces estuve tan feliz de encontrar dos palabras, ¡dos!, que me remolcaran, que me ayudaran a dejar atrás ese pantano absurdo
El otro lado festejó también como un gol mi hallazgo: la mujer se disculpa, nos reimos.... Finalmente la madre entiende que esa no es su hija, la hija entiende que esa no es su madre, las cosas vuelven a su lugar.
En ese instante, de insoportable y fugacisima realidad, fue posible que una madre-muerta hable por teléfono, que una hija no reconozca la voz de su madre, que una madre se equivoque de hija...
Ella no volvió a llamar, por lo que calculo que acertó con el número de su hija.

Yo sin embargo, quedé en el desasociego el resto del día. "Numero equivocado" no fue un acierto. Apenas fue un remolque. No había ni una puta señal despues del pantano que me indicara por dónde seguir.

sábado, 12 de diciembre de 2009

aquì sòlo hay chicos soñando


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Central de sueños. Aquì, en el  desayunador, un domingo de tostadas, manteca y mates, el soñante informa un sueño que empieza con pasajes y transformaciones. La escuela es su escuela pero también "esos lugares muy pobres, como los hospitales". El sueño tiene ritmo, suspenso,  está plagado de huidas, escapatorias. Hay maestros que se vuelven zombies, hay sobrecitos de jugos clight que detrás de la promesa de frutos verdes y frutos rojos, esconden gas lacrimógeno: "abríamos uno, abríamos otro, y del último salía gas lacrimógeno". Empieza allí la gran escapatoria, todas las escenas son resueltas con cierta astucia, y hacen pasajes a otra escena. El soñante tiene un lugar importante, descubriendo las trampas, encontrando salvoconductos, y conduciendo al resto de sus compañeros por esos intrincados pasajes. Hasta que llega una escena de una ternura feroz: a Manuel, un compañerito, se le ha perdido su mamá. Justo allí, soy convocada al sueño, entro en escena aparentemente para explicar y tranquilizar, pero termino dando la noticia de una forma bastante desaprensiva: "ah, sí, se murió". Con estupor me dice : ¡y aparte decías esto, mientras te estabas depilando!. El soñante concluye: "estabas más preocupada por la belleza que por la muerte". Nos ganó la carcajada. La charla siguió así, entre ocurrencias y disparates. En un momento yo le pregunté si él sabía para qué se usaba el gas lacrimógeno, y que lacrimógeno venía de lágrimas. Así fuimos armando nuestro texto, sin saber de dónde venía, ni hacia dónde iba. Èl con su sueño atrapa y pesca cosas que flotan entre nosotros, donde finalmente no importa tanto saber a quién pertenecen, sino que cosas componen, ligan, entre la experiencia de uno y otro. Lo que importa, es ayudar a los compañeros a hacer ese pasaje, con toda la belleza de la que seamos capaces. Así me lo hizo saber. Así me di por enterada. 

domingo, 20 de septiembre de 2009


Pero esto a mí me está haciendo bien? Debo admitir que quedé desconcertada frente a la pregunta. Y cuando quedo desconcertada, suelo abreviar, así que pregunté lo único que se podía preguntar: ¿qué cosa? Vino un repaso rápido de sus últimos movimientos. Salir del ostracismo, producir encuentros, alegrarse y entristecerse, vibrar, enfurecerse, querer salirse y no poder salirse, decir “pero si yo estaba tan tranquila...” en fin, la variedad de pataleos frente a la resistencia que ofrece la materia –el otro- que se mantiene otro, indigerible, inabsorbible pese a lo carnívoro del acto amoroso. Más o menos encaré por ahí la respuesta. “No, no, eso ya lo sé….se apresuró a contestar. Lo que yo te pregunto, es si esto me hace bien…o sea, si es saludable”. Mi perplejidad estalló en risa: y si no? Qué vas a hacer? Amputarte el amor? Nos reímos un rato, y todo se alivió. Al rato, bajo al quiosco de revistas, y ojeando en busca de mi revista quincenal encuentro un gran titular, debajo de “Salud vital”. Relaciones enfermizas: tres pasos simples para diagnosticar la salud de tu relación de pareja. Me voy a la nota central. Allí estaba la respuesta. Palabras más, palabras menos, parece que sí, el amor es una especie de tumor, y hay que controlar las metástasis, por lo que se aconseja extirpar y poner allí en su lugar, algún accesorio. ¡Vuelva a tener una vida! Exhorta el artículo, ¡a ser dueña de sus emociones!
Tener la propiedad privada de las emociones no debe ser moco de pavo. Hacer que los accesorios despierten emociones, tampoco. Enseguida imaginé una gran barata, los paroxismos femeninos frente a una canasta de saldos. Hay que reconocer que el capitalismo sabe lo que hace.