A los cuarenta me despertè un dìa con que no veìa. Anteojos para leer. Desde ese dìa una parte de mì està en guerra. Es como un trasplantado que rechaza el riñòn: està bien, no es tuyo, pero lo necesitas para vivir. Yo igual nada tenìa que decir de esa batalla: me excedìa. Hasta que un buen dìa me encontrè haciendo el gesto de llevarme la mano a la cabeza: buscando los anteojos, claro. "Perdimos" pensè. Pero lo pensè en el mismo registro que alguien se entera el resultado de un partido de fùbtol, de un equipo del que ya ni siquiera es hincha.
Esta derrota, hay que decirlo, me facilitò enormemente la cotidianeidad.
Ahora, lo que no sè,
es que què casillero marcar,
punto para quien serìa
Hay preguntas,
que como pelotazos al cielo
se pierden sin nunca
haber rozado el arco
martes, 21 de febrero de 2017
sábado, 11 de febrero de 2017
lo que nos hace llorar
me contaste que habías visto una casa.
Y que saliste de ahí
y plum
o plin
los ojos
las lágrimas.
Que ya estás viendo la mudanza,
como siempre,
nada delicado,
todo a lo bruto
a lo que la vida empuja.
Lo frágil siempre patas para arriba
lo primero en derramarse.
¿Y ahora?
Ahora la adherencia.
Esa piel que cubre las paredes
la cola de un vestido de novia
de un cometa
va quedando enganchada
en arbustos
espinillos,
engredada,
y se obceca.
No está lista.
Nunca está.
¿Lobo está?
Y ya el lobo aparece
dejó de lavarse de dientes
de afilarse las uñas
de ponerse el piyama.
¿Lobo estás ahí?
Vino,
como viene todo lo que llega
de muy muy lejos.
Vino porque lo llamaste
aunque el juego era que no llegara nunca.
Y entonces entre que te vas y no te vas,
ya imaginaste el cuadrito colgado
y sonaste.
Ahora todo es cuenta regresiva
Zapatean los manteles en la cajas
trifulcas terribles entre las sábanas
los portarretratos
los adornos.
Todos quieren su lugar.
Y vos sabes
que no todo.
No todo.
Eso es lo que nos hace llorar:
la tanta vida
las adherencias
la flecha que indica fragilidad
las cosas que nunca van a salir de las cajas.
jueves, 26 de enero de 2017
martes, 17 de enero de 2017
orillo
Veníamos de la orfandad, todos nosotros. Niños de la selva criados por monos. O crecidos en un bosque, alimentados por lobos. Habìamos perdido a nuestros padres en historias truculentas y maravillosas. Y estàbamos solos en el mundo. Finalmente solos: èramos los primeros, los ùnicos, y tenìamos derecho a todo. Tenìamos poderes. Vivìamos en relaciòn ìntima a lo desconocido.
Nuestro juego era vivir juntos, y solos
.
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