lunes, 6 de septiembre de 2010

ni método, ni fórmulas, ni recetas...sólo una larga preparación


El barco navega. Cuantas veces, cuantas, hice la experiencia de la correntada y el barquito de papel. Eran tormentas de verano, llovía y luego las calles eran pequeños ríos donde probar el arte de la resistencia de esos frágiles viajeros. Inexorablemente el papel se humedecía, o la corriente se estancaba y todo terminaba en algún remolino, bocacalle o destinos que yo ya no podía seguir con la mirada.
Esta vez, la enésima vez que hicimos agua, que terminamos mojados y triunfales a bordo de esa extrema fragilidad del amor, pienso que tanta preparación no fue en vano. Hay que aprender a ser un barquito de papel en la correntada de una tormenta de verano. Las únicas que valen la pena.

lunes, 16 de agosto de 2010

asi me dijeran que los cerdos aprenden piruetas.... no voy a poner una escuela para cerdos


Yo no quisiera pecar de ingenua, pero a veces me falta imaginación. Me cuesta imaginar (y eso que soy fantasiosa) que un tipo pueda saltar así como así del patetismo a la gloria, con sólo activar dos o tres lugares comunes de esos que sobran. “Sí, viste, yo a la mina no le dí bola, pero vos tomala, todo bien”. Pienso y pienso cómo les es tan fácil. Sé que hay cosas que no tienen explicación, pero uno no deja de sorprenderse, y a veces dá para postearlo. Me imagino que esos tres segundos de gloria deben tener como correlato una vida miserable. Así me consuelo un poco. Luego pienso que los cerdos ni si quiera saben el significado de “vida miserable”, y me deprimo. Pero no, -y le contesto con esto a mi amiga optimista que cree que la gente puede mejorar-: no, nunca: no voy a poner una escuela para cerdos. Definitivamente.
(Doc: Ud. no me dejaría mentir, allá desde donde esté, es como digo, no? … la gente no mejora…)
El fuego a mis espaldas acaba de avivarse. Eso en código ultratumba sería un “si”. Gracias. Necesitaba contárselo y que se cagara de risa conmigo.

domingo, 14 de marzo de 2010

más profundo aún




Esto te va a llegar muy, muy profundo… Eran palabras prometedoras, sin duda.
Hasta la dermis… En un lenguaje incomprensible para mí, pero con una cadencia arrulladora, seguía usando términos, a mí me sonaban a antiguas capas, a eras de la evolución de la tierra… mesozoico, mesodermo, todas palabras con algún augurio…
Ahora vas a sentir un poco de ardor….ahora como un cosquilleo….
La purificación de la carne sin duda siempre ha sido un tema. Delirios colectivos montados sobre una raza pura, una sangre pura… y siempre, tratamientos para la impureza. Soluciones finales, definitivas.
Aplacada, controlada, esa experiencia relampaguea en el fondo de estos petit campos de concentración estética “belleza integral” donde –ácido y electricidad mediante- hacemos nuestra pequeña aventura de purificación. En esos días que siguieron, sin darme cuenta, empecé a prestar atención a los carteles y avisos publicitando productos y tratamientos de belleza. El verdadero desafío, alguien decía, es hacer visible lo visible. Tan a la vista que es difícil verla, la frase está por todas partes… “solución definitiva” “solución final”…
La purificación esta vez no llegó hasta el hueso. Mi cosmetóloga parece una persona controlada, rigurosa, delicada, movida por una racionalidad compacta. Todo el tiempo trataba de tranquilizarme, mostrarme que sabía lo que hacía. Y eso, es lo que más me atemoriza.

sábado, 30 de enero de 2010

il morto qui parla


Atiendo el telefono fijo. Era la voz de una mujer, diciendo hola. Yo carraspeo -era mi primera palabra articulada de la mañana- finalmente me sale la voz, y pregunto ¿Quién habla? - Tu madre- responden del otro lado. Lo primero que pienso, es que esa no era la voz de mi madre, sin lugar a dudas. Podría haber dicho: disculpemé, pero ud. no es mi madre. Ni bien pensado esto, otra evidencia se me impone: ...además... ¡mi madre está muerta!. Me imaginé diciendole, mire, sra, ud no puede ser mi madre, simplemente porque ya no tengo una madre, está muerta, y aunque siguiera teniendo una madre-muerta, generalmente no le hablan a uno por teléfono. En general -lo bien que hacen- no eligen Telefónica para comunicarse. Eligen otros... -mediums?- En medio de eso estaba cuando recordé que no hace mucho tiempo, una mañana, me despertó su voz, llamándome. Esa sí era su voz, y ella estaba muerta, y sin embargo, me llamaba. Mi argumentación se caía a pedazos y del otro lado crecía un silencio perplejo, angustiante, hasta que vuelve a hablar, interroga, dice un nombre, y no hay dudas, esa es la voz de una madre que le habla a su hija y que no entiende cómo una hija no reconoce la voz de su madre. Balbuceo ....busco desesperadamente algo que decir, algo cierto, sostenible, incuestionable. Por fin acierto en ... ¡número equivocado!. Pocas veces estuve tan feliz de encontrar dos palabras, ¡dos!, que me remolcaran, que me ayudaran a dejar atrás ese pantano absurdo
El otro lado festejó también como un gol mi hallazgo: la mujer se disculpa, nos reimos.... Finalmente la madre entiende que esa no es su hija, la hija entiende que esa no es su madre, las cosas vuelven a su lugar.
En ese instante, de insoportable y fugacisima realidad, fue posible que una madre-muerta hable por teléfono, que una hija no reconozca la voz de su madre, que una madre se equivoque de hija...
Ella no volvió a llamar, por lo que calculo que acertó con el número de su hija.

Yo sin embargo, quedé en el desasociego el resto del día. "Numero equivocado" no fue un acierto. Apenas fue un remolque. No había ni una puta señal despues del pantano que me indicara por dónde seguir.