miércoles, 7 de marzo de 2012

Querido diario:



Si un borracho te saca a bailar una vez decís “no, gracias”

La 2° le señalás: “pero es que acá no se baila”

La 3°, con muy buena voluntad “es que soy coja”

La 4° le pegás un cabezazo, o le rompés una botella en la cabeza

Pero hay que respetar el orden, por favor

Hay borrachos que entienden a la primera

(De: Diario íntimo de una salida nocturna)

medicine man


Un hombre que ayuda es un hombre que se bate a duelo.

Que avanza en esa zona abisal de la mujer
con un cirio apagado en la mano
y se queda allí lo suficiente
-por lo menos hasta que amanezca-


Si el experimento resulta
tiene que ser repetido en cantidades necesarias
3 o 4 o mil amaneceres más

Hay que saber que en la repetición
no se logrará nunca nada,
y que esa nada es precisamente el asunto
el oro de los dioses
por lo que matan los reyes

sábado, 3 de marzo de 2012

Visiones


Me dijo: yo soy una mujer rara. El amor no me enceguece.

Visitamos a Casandra en medio de sus visiones. Después fuimos por unas copas y un poco de música.

Cuando ni el amor, ni el alcohol, ni las drogas te enceguecen, sólo queda ver.

Así que vimos.

Lo bueno de la visión nocturna es que el paisaje es mucho más violento y despojado. Todo está como un poco caído de escena, un poco más desencajado. Se ven los hilvanes y las costuras. Los arreglos de último momento. Y sobre todo, por dónde se va a romper.

Ya prefiero no asistir a ciertos rompimientos. No es un espectáculo recomendable.

Es preferible bajar la vista allí, poner un manto de piedad.

Vámonos, le dije

viernes, 2 de marzo de 2012


No estoy en ninguna liga de defensa de la vida animal, sin embargo estuve de guardia el día de ayer. Tuve que velar la agonía de un pichón de paloma en el dintel de mi puerta. Fui incapaz de apresurar los trámites, ni moverla de allí. Tampoco pude pedir ayuda a mis vecinos, de sólo imaginarme el diálogo

-Hola, ¿me puede sacar esta paloma del portón de mi casa?

-Y por qué no la saca ud?

-Es que todavía se mueve


Bien, me dije, pensemos, nos tranquilicemos (siempre somos varios en la antesala de mi angustia) ¿qué tanto puede durar esa agonía? Recordé las palabras de un amigo “no estamos allí para apurar el trámite”

En las horas que siguieron sólo pude constatar su pulso.

Y que todo llega, inexorablemente.

Hoy abro la puerta con cuidado, me fijo detenidamente. Ningún pichón de paloma agoniza en mi dintel. Me digo qué bien. Qué bien. Se escucha el eco de mis palabras en la espera y mis otros veladores y vigías convocados repiten…qué bien…qué bien, se saludan y se retiran de a poco.

Escribo en el Libro de Guardia: Hoy no se reportan urgencias. La naturaleza descansa