martes, 1 de noviembre de 2011

NOS MIRAN



Era una tarde apacible y soleada y tomábamos mate en el patio.
Me preguntó si no me preocupaba que los albañiles de aquel lejano edificio pudieran verme tomar sol. Me dio risa la pregunta, y la charla terminó derivando no sé cómo en las imágenes satelitales, el espionaje, la violación de la privacidad.
Sin descartar las reediciones del sueño panóptico me dio mucha ternura pensar que en esas preguntas, estaba contenida otra clave.
La idea de que el mundo nos mira, obviamente, con cierto interés.
Pequeñas formaciones delirantes, donde vivimos, sufrimos, amamos, triunfamos, fracasamos, nunca solos, siempre ante la mirada atenta de un otro, público exigente ante quien vivimos como en una pieza teatral.

Al fin no estamos solos.

sábado, 22 de octubre de 2011

paciencia



los locos son seres armados de paciencia, no cabe duda. Sobre todo con sus doctores. Documentado todo por la escucha atenta de la Dra. Kaiten.http://doctorakaiten.blogspot.com/






"Yo tengo paciencia con las alucinaciones, doctor, mucha paciencia. Pero igual me parece que esas pastillas que me da funcionan en la dirección equivocada.Mire, le doy un ejemplo. Ayer hicimos un asado para festejar mi recuperación. Estaba perfecto. Mi viejo sirvió unos chinchulines, y de pronto aparecen de nuevo las voces. Justo en el momento en que clavaba el tenedor. ¿Y sabe lo que decían?: "Pinchas la tripa y salta mierda."Eso decían. ¿A usted le parece? Yo tengo paciencia, pero no se puede aguantar todo. Es una falta de respeto, Doctor. Insisto en que las pastillas están equivocadas. En vez de calmarme a mí deberían calmar a los hijos de puta de las voces."

jueves, 20 de octubre de 2011

las horas



Pensé que necesitaba un reloj, y entré a un dudoso local de la Galeria Espacio. Me gustó uno, y no andaba. Bueno, este otro entonces. Tampoco. Y así un tercero, y creo que podría haber seguido probando todos los de la vidriera, y que ninguno iba a funcionar. Me agarró un ataque de risa, frente a la vendedora que trataba de simular alguna perplejidad frente a lo que no le interesaba en lo más absoluto.

Después de todo, pensaba mientras salía, una relojería donde los relojes no funcionan sería un buen lugar donde descansar de las horas.

jueves, 13 de octubre de 2011

sobremesa



Descorazonada.
Descarozada como una aceituna, asiste a la sobremesa junto a los restos de una picada fría.
Alguien dice que ya es tarde y se va.
Alguien que todavía espera igual se acopla a la sentencia y dice “sí, ya es tarde”
El reloj no dice nada, marca una hora, sistemática, implacablemente.
No dice hora de qué es.
Sin embargo todos se miran, y como en un ritual absurdo miran el reloj y dicen, “si, es tarde”

Prefiero los relojes de arena –piensa ella- al menos se ve algo caer, algo terminar, algo pasar de un lugar a otro, algo lleno, algo vacío.
Pero no lo dice y hace el ademán de levantar los platos.
Todos repiten el mismo ademán.
Se entrechocan en la cocina, cada uno llevando cosas leves, imperceptibles, un vaso, un plato. Cada quien se ve obligado a llevar consigo parte de la sentencia de la hora.
Culpa colectiva.